lunes, 18 de febrero de 2008

¡CUANTAS COSAS GUARDABAN ....!


Llevo unos días con ganas de hacer poco, por no decir nada, así que, hago lo justo, y ayer, decidí perderme por mi ciudad, por calles que hacía tiempo no paseaba y al pasar por una tienda de juguetes vi en el escaparate un cabás de cartón y varios plumieres de madera tan usados por su dueña como gastados por el tiempo, y como si de algo mío se tratara, recordé de pronto mi primer plumier también de madera, pero pintado de azul con florecillas amarillas y blancas. En él, guardaba un lápiz de mina, un bicolor azul y rojo, una pluma, con el mango de madera pintado de color teja oscura, un tajalápiz y un limpia- plumas de fieltro de dos colores que mi tía abuela me había hecho con forma de corazón. ¡Ay! esas tías abuelas que muchas de nosotras hemos tenido y que hoy, seguro recordamos con gratitud y añoranza por lo mucho que nos han transmitido. La mía, siempre estaba allí; para todo, presta a hacerme las chaquetitas a punto bobo para mi muñeca preferida, para confeccionarme como sólo ella lo sabía hacer aquellas enaguas de lorzas y puntillitas, y que mi madre almidonaba el sábado por la tarde mientras planchaba la ropa de la semana, y que sólo los domingos me estaba permitido usar. Ella, sabía hacer como nadie mis calcetines de hilo blanco con cuatro agujas. Me fascinaba verla tejer con aquella rapidez, y me quedaba absorta con aquel manejo de agujas que me parecía tan complicado como imposible…
Creo que ellas, habían aprendido de nuestras abuelas el buen hacer, y nos lo demostraban con su cariño y abnegación. Hoy, con el paso del tiempo, quiero creer que de alguna manera ellas veían en nosotras, la proyección de sus vidas.
No, no puedo ni debo olvidarme de mi primer cabás de cartón rojizo y beis con dibujitos de animales. ¡ Donde habrá ido a parar!... ¡ cuántos, y que gratos recuerdos guardo de él!. Allí metí mi primer plumier, el libro de rayas, luego el de parvulitos y los secantes de tinta que siempre anunciaban pelikan.
Al año siguiente, me sustituyeron el cabás por una cartera de lona de cuadros por fuera y por dentro tenía como goma, y que cerraba con una cremallera. En ella, metí mi primer libro que consistía en una enciclopedia de primer grado sin olvidar el plumier que me duró varios cursos hasta que un año los reyes me obsequiaron con uno de nueva generación, era de plástico y se cerraba con una cremallera. Recuerdo que me puse ¡tan contenta! que, sólo miraba y remiraba mis lápices de colores y que me daba pena usar, a sabiendas de que con ellos, podía dibujar y colorear todo lo que antes había soñado pero, a medida que pasaba el curso, se podía ver las preferencias de mis colores favoritos… preferencia que con el paso del tiempo no se alteró, el rojo tirando a oscuro y los verdes. Como si de un botín se tratara, también guardé en ella, una bolsita con botones de varios tamaños y colores que las niñas teníamos para jugar, y cada vez que perdía uno, os puedo asegurar que se me encogía el corazón porque, eran bienes tan celosamente guardados como queridos… Y también, la caja de betún recargada de arena para jugar al avión, al nueve, y a la carta .Cajita que solía guardar y no estropear porque conseguir una, se hacía casi eterno. Y también, llevaba mis colecciones de cromos que, ¡tanto trabajo me costaba terminar! porque, en mi lista, nunca aparecía aquellos números que cerraban mi ansiado sueño… Y ahora, con el paso del tiempo, me doy cuenta, de porque soñábamos con ser, tan sólo por unas horas “ reinas por un día” pegadas al televisor los domingos por la tarde…

10 comentarios:

Tawaki dijo...

Me traes muy buenos recuerdos con esta entrada. ¡Ah, la nostalgia!

Un abrazo.

Mari Carmen dijo...

Reina por un día... ¿sabes? yo escribí una carta y envié una foto de una señora que tenía un montón de hijos, porque estaba convencida -yo tenía 8 años y vivía entonces en Santaella, en la provincia de Córdoba- de que ella sería la elegida. Enviamos la única foto que tenían de familia y... naturalmente, no salió. Qué decepcionada me quedé. Nosotros teníamos pocos pero ellos eran tan pobres... Se lo hubieran merecido todo.

Una entrada preciosa, Angela. Yo también recuerdo aquellos lapiceros, los colores, los primeros libros... se nos hacía tan felices con tan poco. Y qué tesoros eran, ¿verdad? Inolvidables.

Un abrazo, y gracias por tus palanras,amiga. Hoy, casi pensando en ti, en vosotros, he puesto una entrada en Vida y Sendero, recordando aquellos felicísimos once años que viví frente a la bahía de Cádiz.

Mari Carmen dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Mari Carmen dijo...

Bueno, no es que pasara allí once años, sino que pasé mis 'once años': uno sólo.

Un beso.

obdulia dijo...

Que bonito Angela. Los recuerdos de la infancia nos acompañan durante toda la vida. Tengo recuerdos muy parecidos a los tuyos.

Mi padre compró una radio cuando yo tenia 8 años y eso fué un acontecimiento en mi pueblo.
Erámos los únicos que teniamos radio y venian los vecinos ha escucharla. Yo escuchaba las radio novelas que me mostraban un mundo que no conocia.

Con tu permiso te voy ha adjuntar como amiga. Un beso.

Obdulia

OnlyMary dijo...

Angela,
qué cosas tan bonitas cuentas...y con qué dulzura...
A mí también me has hecho recordar :la caja de lápices de colores de Alpino, la goma de borrar nueva ( y su olor, sobre todo el olor) que inauguraba cada nuevo curso, la clase de parvulitos, la"señorita"...
uf,,,tantas cosas.

Gracias, como siempre...
y un fuerte abrazo.

Mariluz Barrera González dijo...

Que increíble Angela... en verdad me has hecho pensar en algo que recuerdo constantemente... mi primera mochila de la infancia y mi cajita de colores con imán que guardé durante muchos años, me encantaba por que parecía un libro... en donde mis colores eran mi tesoro. Mi mochila café de piel, suave y cruda... me la colgaba en la espalda y me encaminaba al colegio con mucha ilusión. (Será de ahí mi fascinación por el color café?? no lo había pensado)

Cuando miro a mi pequeña Adda Sofía... colgarse su mochilita en la espalda para ir al ´preescolar me emociono y me ilusiono mucho de mirarla... yo creo que nuestras tías abuelas si veían en nosotros algo que podría realizarse de sus vidas... por que así miro a mi pequeña... y sin querer miro parte de mi en ella....

Gracias por tu visita a EXPEDIENTE... un lugar muy especial para mi... te invito a visitar EN VOZ ALTA... http://mbgenvozalta.blogspot.com

Un fuerte abrazo desde mi bellisisima ciudad amurallada.

Mariluz.

María José dijo...

Me ha encantado leerte Angela. Me has transportado a aquellos años,siempre recordaré mi primera cartilla, con la que aprendía a leer, el olor de la goma de borrar Milán, el de los lapiceros y los libros nuevos...
Un beso, Maria JOsé

Sylvia Reguero dijo...

No puedo decirte,los sentimientos que tengo cada vez que te leo,me llegas tan dentro y me mueves tantos recuerdos...yo también soy de esa epoca, me sentia muy feliz,disfrutabamos mucho de lo que teniamos. GRACIAS una vez más

Abuela Ciber dijo...

Es cierto, otros tiempos. Se ecuerda con calidez,ccuanto se avanzo y retrocedió desdeese entonces.
Es precioso leerte.