martes, 4 de noviembre de 2008

FRANCIA, SEGUNDA PARTE

Cordes sur ciel , pueblecito medieval encantador y entrañable. Sólo tenía dos calles por ésta se subía a lo alto del lugar.
Y por ésta se bajaba . Hemos podido apreciar que aprovechaban cualquier sitio para poder plantar, porque no había ni un pequeño trozo de campo.
Entrada a Cordes, lugar que jugó un importante papel en tiempos de invasiones,no en vano nace como pueblo defensivo.



A la salida de Albi desde el puente. Toda la ciudad era color terracota, muy distinta a las que habíamos visto hasta ahora.




Si alguno de vosotro@s conocéis Francia posiblemente os recuerde mucho estas ventanas tan típicas tanto de color como de forma.



Mirepoix, una pequeña bastida, con una personalidd y un encanto muy especial. Sus paisanos daban la sensación de vivir en un lugar donde la tranquilidad era su bandera.

Otra pequeña parte del lugar, si os dáis cuenta las casas no pasan de primero y segundo piso. Jamás rompen la estética ni la impronta de sus pasado

Carcasonne a la entrada. Nos hubiera encantado ver mejor las murallas pero, la falta de agua y el excesivo calor no nos dejaron. Muy cerca estaba el lugar para aparcar, se pagaba pero, nadie se resposabilizaba de un posible robo....
Desde aquí se podían apreciar las torres de las murallas.
No habíamos optado por S. Affrique les Montagnes por casualidad, estaba muy cerca de Carcasonne y de Mirepoix; dos lugares que figuraban en nuestras notas de viaje. Así que desde Domaine de Rasigoux después de desayunar empredimos viaje. Teníamos dos posibilidades para llegar a Carcasonne o. por la autovía, siempre más rápida pero, también más monótona o, por la carretera nacional y, la elección era fácil. Queríamos conocer la realidad de los distintos pueblos así como los cambios del paisaje agrario y, nos decantamos por ésta última.
Después de serpentear curva tras curva y, poder apreciar el contraste de abetos y pinsapos entremezclarse con la vegetación autóctona llegamos a la cumbre de la Montaña Negra. Al otro lado, y como casi siempre pasa, el paisaje cambia. La otra cara de la montaña, nos obsequia con inmensos campos de trigo salpicados por cipreses de verde oscuro intenso que a veces, eran interrumpidos por campos de lavanda lo que hacía presagiar que la alta Provenza no estaba lejos. El sol calentaba sin piedad y, el olor a multitud de hierbas aromáticas se hacía intenso. Nos llama la atención un pueblecito muy distinto a los que habíamos dejado hacia atrás. La piedra dominaba en las paredes de las casas y parecía confundirse con el paisaje, no encontramos donde aparcar y Montolieu, nos queda grabado para una nueva oportunidad si la hubiese.
La llegada a Carcasonne se hizo más rápida de lo que esperábamos pero, mi decepción se intensifica al ver que mi lugar soñado no era como me lo había imaginado… Incluso, las calles estaban algo abandonadas a su suerte pero, no podía juzgar a mi admirada Francia por aquella pequeña ciudad que si en otro tiempo fue testigo de su historia y aún lo conserva hoy, es presa del excesivo turismo y probablemente mal orientado. Como sabéis los franceses comienza a las doce a comer y para nosotros los españoles acostumbrados a comer a las dos, la mañana, se nos hace corta. Después de comer decidimos visitar la cité. El calor hacia justicia a todos los que nos perdíamos por las calles excesivamente estrechas y empedradas además de empinadas. No era posible dar un paso, excesiva gente pululaba de un lugar a otro y tomarnos una limonada se nos hacía tan difícil como casi inviable pero, al final lo logramos. A las tres y media el sol caía sin piedad y la aglomeración de gente se intensificaba por momentos así que, decidimos salir de la cité con el ánimo un poco bajo por no poder ver aquel lugar como hubiéramos querido marcado, sin lugar a dudas, por el cruce de culturas desde su fundación como lugar defensivo y administrativo ya por los romanos.
Al salir de allí, decidimos visitar la bastida de Mirepoix que quedaba relativamente cerca. Aparcamos al lado de la pequeña catedral y decidimos visitarla. Nos sorprende que tenga una sola nave y estuviera tan escueta de imágenes si la puerta principal nos habla del gótico. La oficina de turismo está cerca y decidimos entrar, una señora nos dá información y nos habla con un francés un poco difícil de entender pero, al final pudimos enterarnos de que el pueblo había sido destruido por fuertes inundaciones y la catedral había sido asaltada varias veces. A pesar de todo, el lugar guardaba el encanto y, el esfuerzo del pueblo francés por reconstruir la historia de sus pueblos a pesar de las vicisitudes. La tarde caía y las gentes iban apareciendo poco a poco para dejarse querer por el sosiego del final de la jornada. Nosotros, mientras tanto, recorremos los soportales de la plaza mayor admirando las fachadas coloristas de sus casas con entramados de madera. Cenamos como siempre acostumbran los franceses sobre las siete y media un plato combinado en una terracita de la plaza mayor con mucho sabor a hierbas y partimos de nuevo al hotel sin antes extrañarnos del bullicio que había allí de medios de comunicación entre ellos la TVF incluso con satélite propio, la realidad no se hizo esperar, se anuncia la llegada al día siguiente del fin de una etapa del tour.
Al día siguiente, queríamos ir a Albí pero paramos poco tiempo tan sólo, para hacer unas fotografías como recuerdo. Nuestro destino era Cordes sur ciel y, el tiempo no esperaba. La carretera se hacía estrecha y con muchas curvas pero, merecía la pena visitar aquella maravilla de pueblo que habíamos descubierto gracias a google heart . El paisaje es agreste y bastante verde y de pronto allí, a lo lejos y perseverando, se divisa Cordes, vigía y centinela para los intrusos y, erguido alrededor de la montaña acostumbrado a soportar los empaques de los vientos aguarda con paciencia, la visita de quienes por allí aparecemos. El aparcamiento pagando empieza abajo y al empezar a subir es curioso ver, como a medida que se sube también se incrementa el precio por euros para aparcar, nos reímos pero merece la pena.
Estaba tan cuidado como conservado y los turistas eran mucho más pausados que en Carcasonne. Comimos en una terraza y nos sorprendió ver a muchos matrimonios a nuestro lado comer con sus mascotas sin perder la compostura, el respeto era mutuo. Después de comer recorrimos lo que nos faltaba por visitar y pudimos ver como casi todas las casas tenían yedra trepando por las paredes probablemente para dar un poco de verdor a aquel lugar tan agreste como encantador. Dejamos Cordes encantados y, nos dirigimos a Moissac donde nos alojábamos, era un antiguo molino de trigo rehabilitado . Un lugar muy tranquilo a la orilla del río Tar y que pertenece a la cadena que en Francia llaman Relais du silence. En mis próximas entradas os hablaré del Canal Midi y de mi último día en Francia.

24 comentarios:

OnlyMary dijo...

Bienvenida de nuevo a tu casa :)

Es una gozada seguir tu relato; lo haces de forma tan cordial que parece que vamos contigo...es un placer.


Un besote!

Inés Bohórquez dijo...

Estimada amiga, he dejado algo para ti en mi blog de Regalos...
un abrazo luego vuelvo para leerte y disfrutar de esas hermosas fotografías.

Cecy dijo...

realmente bellisimo y encantador leerte es como ir caminando por esas calles!!!

Fernando Manero dijo...

Magnífica explicación del país de los cátaros. Captas magnificamente la belleza de la Francia que conserva y cuida su patrimonio. Desciendes a los detalles que sólo sabe entender el viajero, que no el turisto, avezado y sensible. Conozco esa región y coincido plenamente contiguo, incluso en la apreciación de Carcasonne, que hay que visitar en primavera. La próxima vez no olvides Albi y Montauban. Muy cerquita está el viaducto de Millau, cerca de Aveyron y obra de Foster, cuya vista sobrecoge y da idea de la inmensidad del paisaje francés en toda su magnificencia. Un abrazo

RAFAEL LIZARAZO dijo...

Hola, Angela...

Nuevamente nos deleitas con tan paradisiacos lugares y me transportas hasta sitios insospechados en alas de tus relatos.

Un abrazo.

Inés Bohórquez dijo...

Qué belleza de calles, de paisajes, de lugar...

quede fascinada con este sitio espero de corazón poder visitarlo pronto.

Ahora si te dejo un abrazo y muchas bendiciones y te esperaré de nuevo por mis mundos .

bye

jdiana dijo...

He dado un agradable paseo a traves de tu relato. Me agrada que me visites. Un abrazo

manu dijo...

muy bueno el relato (como el anterior), fácil de imaginar...esas pequeñas calles, caminar entre casas que son museos vivientes, la aquitectura de los pueblos, las subidas y las bajadas..

gracias por el viaje. espero la tercera parte.

saludos!!!

Luis López-Cortés dijo...

Conozco bien la zona. Maravillosa. Todo un lujo tu relato.

AleMamá dijo...

Lindo lugar y lindas fotos. Saludos

Mari Carmen dijo...

ángela, me alegra que ya estés aquí de nuevo, contándonos sobre tu viaje. Aún recuerdo cuando estuve en Carcasonne. Me encantó a pesar del calor y de la gente que llenaba todo el recinto. Además, allí tomé la por primera vez una ensalada caliente que estaba deliciosa.

Me encanta el sur de Francia. He estado por ahí varias veces y continuaré viajando. Eso espero al menos.

Un abrazo, guapa :)

Tawaki dijo...

Carcasonne me lo perdí porque no pude cogerme las vacaciones; en Albi estuve este verano y la catedral me dejó impresionado.

Qué bonitos pueblos hay en Francia, tan cuidados, tan limpios, tan silenciosos. Me encantan.

Un abrazo.

María dijo...

Qué maravilla!! Y qué bien escribes y relatas tu viaje...Las fotos muy bonitas...con ganas de coger el petate y largarme a disfrutar de esas calles tan de cuento. Besos

Cecilia Alameda Sol dijo...

Una preciosidad. Las fotos son idílicas. Digo lo mismo que los demás: ¡qué ganas de irme para allá!

elmundodemayu dijo...

Que sitios más bonitos. Dá gusto leer tus relatos. Mientras te leo me da la sensación de que soy yo la que lo estoy viviendo.
Un beso.

Marcelo dijo...

Qué belleza de fotos! Y el relato también.
Un beso

amigoplantas dijo...

Hay pueblos y ciudades que están intentando introducir tranquilidad como forma de vivir urbano, bajo el impulso del Slow Food

Blanca R.C. dijo...

Que lugares mas bonitos, cuando recorres estas calles que sabiamente han conservado todo su sabor no puedes dejar de imaginarte a las doncellas y caballeros recorriéndolas, y los artesanos y comerciantes pululando y afanándose por mostrar sus productos, los soportales que aparecen en una de las fotos en los que se aprecian las vigas de las casas al aire entre sus muros, me recuerdan a unas casas de mi pueblo, también sobre soportales en ese caso de piedra pero con travesaños de madera.
Creo que haber tenido la inteligencia de conservar estos lugares y embellecerlos con plantas, pendones y cuidado mimo es una buena muestra de la inteligencia de sus habitantes.

Sylvia Reguero dijo...

Que gusto volver a encontrarte con stos relatos tan encantadores y que ganas de viajar me entran por el cuerpo,besos

josé javier dijo...

Gracias por este paseo virtual por Francia. me dieron ganas de coger un avión y escaparme este fin de semana.
Un beso. J.J.

Fran dijo...

Como últimamente no viajo lejos, por lo menos disfruto un rato virtualmente con estas bonitas fotos y tu relato. Gracias.

tere dijo...

LA FRANCE¡¡¡¡¡ que maravilla. yo he estado este verano por la Gironde... fantastico.... eso si, mucho francés, esta lleno¡¡¡¡ jejej CArcasonne, es precioso pero como bien dices, demasiada gente, imagino que visitarias el monasterio de san michel de cuixá, porque es precioso, el lugar donde se encuentra y en si el monasterio, silencioso y perfecto... he revivido con tu relato dias maravillosos.... besotes¡

Las entretelas de Eva dijo...

Hace tres años yo estuve de viaje haciendo una ruta similar... me he alegrado mucho de ver que otro espíritu laborioso ha disfrutado tanto de esos lugares... la verdad es que a mí Francia es un país que me apasiona, ¡a pesar de no saber francés, jeje!

Dédalus dijo...

Francia tiene rincones maravillosos, como Cordes (no lo conozco, pero me ha encantado) o la misma Carcasonne, que también mencionas, y que me maravilló cuando la conocí, mochila en ristre, hace mil años.

Un beso, Ángela.