viernes, 18 de abril de 2008

EN TARDES COMO ESTA....


Estas tardes desapacibles, de viento y lluvia golpeando en mi ventana del Oeste, me traen recuerdos lejanos y sutiles de mi infancia… Y, en la nebulosa de mi mente, aparecen imágenes de mi niñez danzando en torno a un tazón de bola y sin asas, lleno de un chocolate espeso y calentito… Y aquellas galletas de mantequilla redondas y en forma de media luna, que mi abuela nos hacía con tanta entrega… Y aquel olor suave, dulzón y penetrante – que aún mi pituitaria se niega a olvidar – mientras se doraban lentamente en aquella cocina de leña inolvidable para mi…
¡ Cuántas tardes parecidas a las de hoy, he pasado a su lado!, buscando su calor, y el olor a madera seca de roble!. Allí, a su lado, en una silla baja de madera y enea leía y releía mis cuentos preferidos de mi primera infancia.
Y me acuerdo de La vuelta al mundo en tren ¡ Cuántas vueltas dí por mi mundo inventado, a través de sus ilustraciones!. Tenía preferencia por Africa… me parecía el continente más aventurero por aquello de las selvas y los desiertos… En cambio, Asia me la imaginaba lejos, muy lejos. No entendía como los japoneses podían ver con aquellos ojitos tan rasgados… Tampoco imaginaba que niños como yo, llamados chinitos, podían comer siempre arroz, y nunca pan para mojar en las salsas… De América aprendí lo que eran los rodeos… Y conocí Canadá con sus bosques de abetos y sus castores… Y Alaska, con su territorio cubierto siempre por la nieve, y sus osos blancos. ¡ Quién me iba a decir a mí por entonces que, en la facultad , en clase de geografía descriptiva iba a estudiar aquellos paisajes lejos de mi imaginación…!
Y, aquel maravilloso cuento de Lilí la niña presumida más frívolo que el anterior pero, no por ello menos imaginativo para la coquetería de una niña de mi edad. Siempre cambiando sus vestidos, y sus sombreros de fieltro, mirándose al espejo…
Y mi cuento de Cadichón del que guardo gratos recuerdos porque probablemente fue él, el que más me marcó para mi vida adulta…Con él descubrí que los animales tienen su sitio, y a su manera nos comprende, nos quieren, y nos lo demuestran. Quiero pensar, que son el ejemplo claro de que nunca nos abandonarían, salvo por causas ajenas a ellos.
Y en mis tardes desapacibles y frías también estaba Babar y la anciana señora y Babar en la ciudad . Con ellos, imaginé al elefante Babar entrar en la pastelería y comer pastelitos de chocolate y coco junto a sus primos Arturo y Celeste que venían de la selva… Y comprarse un traje en un gran almacén, y luego hacer la maleta, y despedirse de la anciana señora para volver a su lugar de origen...
Y al llegar las 8 de la tarde, enchufaba aquel aparatito marrón para sintonizar los cuentos dedicados . Alguién, me hablaba, y mi imaginación ponía el resto.

6 comentarios:

Cecilia Alameda dijo...

¡Cómo ayudan a los niños los cuentos a crecer, a imaginar, a sentir! Leyéndolos ellos u oyéndolos contar a los adultos que les rodean, están forjándose un mundo de fantasía que, seguramente, les ayudará a crecer como personas con cuerpo y corazón.

Mari Carmen dijo...

Qué bien, Ángela. Me has hecho recordar mis días infantiles, con aquellos cuentecillos que coleccionábamos, que pedíamos prestado a los hermanos mayores de las amigas, que mirábamos ansiosos en los escaparates de las escasas librerías, sabiendo que no los podíamos comprar...

Aquellas lecturas inolvidables, al lado de la estufa, mientras nuestros mayores escuchaban la radio...

Qué bonito, Ángela, qué bonito...

Un abrazo :)

Maribel dijo...

¿Tu tambien tienes uno de esos relojes magicos de 14 horas ?
Me encanta lo que escribes,ya lo sabes , y tienes tiempo para el punto de cruz ,el patchwork y visitarnos por el blog.
¿Por favor dame el truco?
Mientras leia tu relato , me estaba acordado de la cocina de mi abuela.Era de leña y estaba pegada a unas escaleras que daban al patio, en esas escaleras siempre estaba sentada yo,viendo como mi abuela cocinaba mientras me contaba historias de otros tiempos.Me encantaba y es uno de mis recuerdos mas entrañables .
Gracias por recordarmelo.
Un biquiño

Marcelo dijo...

Y es verdad tambien lo que dices de los animales, que siempre nos acompañan y no siempre respetamos...

Abuela Ciber dijo...

Es cierto querida amiga, que imaginacion desplegabamos en aquellos tiempos, a traves de los cuentos que nos relataban y que luego leeriamos.
La fecunda imaginacion es una de las cosas por las que me ha gustado vivir en esa época.
Y recordando olores, que son inolvidables, mi taza da cafe con leche, de leche real no empaquetada y de cafe filtrado, con rodajas de pan casero untado en manteca tambien casera!!!
Escuchando en la tarde en aquella radio en forma de capilla, tantas hazañas entretenidas, mientras la familia junta se daba calor humano.
Gracias por hacerme recordar tiempos muy bonitos.
Cariños

Tawaki dijo...

La imaginación es un buen ingrediente para pasar una buena tarde junto a una chimenea.

Besos.