miércoles, 21 de mayo de 2008

QUERIDO ÁRBOL

Querido árbol:
Tú sabes, que siempre te he admirado con reverencia por lo mucho que me has ofrecido sin pedirme nada a cambio. Tú, siempre has estado a mi lado, incluso de pequeña. Lo hiciste con gusto cuando de tu rama grandota, me colgaron mi columpio ¡ cuántas horas pasamos juntos.! Tú, me ofrecías tu resistencia, y yo, mi compañía. Cuando me cansaba, iba a por mis juguetes y de mi rama preferida colgaba mi muñeca de trapo, y poco a poco distribuía mis cacharritos alrededor de tu viejo tronco. Allí, simulaba ser mayor. Yo era la protagonista y tú, siempre mi fiel observador.
A medida que fui creciendo, y mis ansias de aventuras se acrecentaron, llegué a la plaza de los robles, donde me reunía con mis amigas para jugar. Vosotros los robles erais grandes, inmensos, incluso mayores bueno; si me lo permitis, un poco viejos y¡ siempre os alegrabais de vernos ! ....
jubilosas y a la vez pizpiretas .Vosotros nos ofrecíais cobijo bajo vuestras copas frondosas y espléndidas. Allí, jugábamos a tiendas – como solíamos decir- .
Vosotros fuistéis, testigos de nuestras primeras transacciones sin compromisos, de nuestros alborotos, de nuestro orden y desorden. Allí empezamos a sentir el afán por las limitaciones territoriales. Allí descubrimos el valor de vuestras hojas que nos servían para comprar otras muy distintas, unas flores o unas piedras. Gracias a vosotros, aprendimos a calcular nuestras posibilidades de ahorro incluso, el trueque también estaba presente. ¡Ves querido roble como tú, me has ofrecido tu apoyo mientras iba creciendo!.
Cuando empezamos a ser un poquito mayores, nuestras ansias de explorar nos llevaban al molino de Pío y allí, alguna que otra tarde de verano hacíamos la chocolatada, y gracias a vuestras ramas secas del suelo, podíamos saborear aquel chocolate aguado que por entonces ¡nos gustaba tanto... !
Ves, tú has sido de nuevo testigo de un avance más en mi vida. Si, de una etapa tan convulsa, como contradictoria, y a la vez hermosa, para abrirme de nuevo a la siguiente.
…Y llegaron otros veranos, y tú seguías siendo coprotagonista, y yo, esta vez, un poco cruel contigo ¿ sabes por qué? porque he herido un poquito tu piel con un nombre y alguién con el mío. Con los años, volvimos de nuevo a verte para pedirte perdón, y ver si aún seguían allí nuestros nombres porque, tú fuiste testigo de un juramento que aún pervive,- y espero que para siempre- pero tú, ya no estabas allí. Y nos preguntábamos ¿ qué pecado has cometido tú para redimirlo con tu ausencia?. ¡Nos hicimos tantas preguntas sin respuestas…!
Ya ves querido árbol, sin quererlo, tú has sido protagonista en mi vida y yo testigo de la tuya.
Y ahora, en mis veranos ya pausados, me reconforta el sonido tenue de las hojas bicolor de mi álamo blanco, ver crecer a mi buen amigo el nogal resistiendo el viento frío del este que es su peor enemigo, y me reconforta ver crecer mi pequeño castaño de indias a su lado.
Ya ves querido árbol, siempre has estado en mi vida, y a mi lado. Por éso desde esta humilde carta que hoy te dedico con justicia, te puedo decir lo mucho que significas para mí, casi tanto como mi vida porque durante ella, has sido testigo fiel de la misma. Gracias
P.D. Esta entrada se lo dedico a Mari Carmen porque hace tiempo se la prometí, y como todo llega, se la dedico con cariño porque gracias a ella, formo parte de esta gran familia que día tras día nos saludamos desde la distancia.
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22 comentarios:

Mari Carmen dijo...

Muchísimas gracias, Ángela :) Qué bonito, pero qué bonito. Es un homenaje al árbol magnífico. ¿A qué es precioso poder recordar nuestras vivencias en torno a esos seres tan queridos? Y es tan fácil hablar y hablar sin parar sobre ellos... Lindo,lindo.

Eres un sol, Ángela. Muchas gracias :)

Maribel dijo...

Angela con las prisas visito este blog de tarde en tarde pero siempre es un gusto leerlo.
Me encanta el homenaje a los arboles y a los recuerdos de infancia.

Un bico.

Abuela Ciber dijo...

Estamos conectadas despues de todo!!!
Precioso lo expresado, gracias por compartirlo.
Soy amante de la naturaleza.
Cariños

Abejitas dijo...

Enhorabuena a Mari Carmen, es preciosa la entrada por todo.

Aleteos!

Caminarsingluten dijo...

¡Hola Ángela!, acabamos de conocer tu estupendo blog, gracias a Mari Carmen que nos lo ha recomendado, y la verdad es que no se ha equivocado.

Nos ha gustado mucho tu "Querido árbol", ya que nos has hecho recordar muchos momentos e nuetra vida junto a muchos árboles.

Saludos,

Ana y Víctor.

Mariluz Barrera González dijo...

Hermosa Carta... creo que en gran medida, todos somos árboles,... y nuestras raíces siempre están ahi... fuertes para sostenernos y nuestros frutos... todas nuestras acciones... y con los años... nuestros hijos... retoños que nos acompañarán por siempre.

Con Cariño...

Mariluz.

Patricia dijo...

Hola Angela, llegué a tí a través de Mari Carmen, nuestra linda amiga en común.
Te felicito por el relato, ¡es precioso! Todas tenemos historias bajo sus copas ¿no? Me recuerdas una película (The Christmas tree, con Andrew Mc Carthy)sobre las vivencias de alguien en torno a un árbol. Véla, es maravillosa!También te felicito por tu espacio, pasaré seguido a leerte.
saludos desde Uruguay y ¡Hasta pronto!
Patricia

María dijo...

Hola Angela, pero qué preciosidad de homenaje le has hecho al árbol, me has quedado sin palabras, ¿cómo se puede decir tantas cosas de un árbol? es que tu inspiración me cautiva, me llega hondo, y es que, además, me has hecho recordar cuando yo era pequeña, cuando íbamos al pinar y mis padres nos ponían entre dos árboles una cuerda para hacernos un columpio a mis hermanos y a mí, y ¡qué bien nos lo pasábamos!

Una maravilla de escrito, te felicito enormemente y te envío un fuerte abrazo.

Monica Alvarez dijo...

Hola Angela:
hermoso tu homenaje al árbol.
De mi infancia guardo el recuerdo del árbol de duraznos(conservero),que cada año nos entregaba sus frutos.Recuerdo especialmente la maduración del primer durazno que lo disputábamos con mis hermanos.Hoy desde mi departamento veo la calle de mi barrio aquí en Ñuñoa,con todos los plátanos orientales con sus hojas doradas y mojadas por la lluvia.

Un abrazo desde Santiago de Chile

















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Marcelo dijo...
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okaza carlita dijo...

A mi Xer como buen gallego le encantan los árboles. Cuando falleció nuestro nenito, se refugió en ellos y tenemos en deuda plantar uno en su honor. Me tocó mucho tu post. Saludos desde México.

OnlyMary dijo...

Ay, esta asturianina... cuántas cosas bonitas guarda!

Muchas gracias por este bello escrito, lleno también de bellas imágenes.

Un abrazo fuerte!

Marcelo dijo...

Perdona Angela, he confundido los nombres con el tema de la propuesta de Mari Carmen!

Cecilia Alameda dijo...

siempre hay un árbol que influyó en un capítulo de nuestra vida. En la infancia, sobre todo.
Y qué lástima cuando esos árboles son talados y no volvemos a verlos.

María dijo...

Hola preciosa, aquí estoy de nuevo, para desearte un feliz día lleno de luz y colorido.

Un abrazo inmenso.

Graciela dijo...

Que bello post para alguien tan noble como un árbol..cuantos recuerdos me despiertas a través de la lectura de tu texto acompañado por tan bonita imagen.!! Un besito Amiga!

Mari Carmen dijo...

Buen fin de semana, Ángela :)

Un abrazo,

josé javier dijo...

Llego a tí desde el blog de Ignacio Bermejo. Me ha encantado tu carta al arbol y todo tu blog. le agradeceré a Ignacio haberte encontrado. Un beso desde Sevilla. J.J.

Javier dijo...

Seguro que si los árboles pudieran hablar nos contarían increíbles historias de amor, de desamor, ilusiones y desengaños que forman parte de todos nosotros.
Cuando esculpimos ese corazón con esos nombres, seguro que no sufre, la sabia corre rauda a decirle al oído que dos personas se quieren.

Un abrazo

María dijo...

Aunque no tengas un nuevo post te dejo mis besos y abrazos, deseándote una feliz semana mi querida amiga Ángela.

Sylvia Reguero dijo...

Que tierno, que bonito y que sentido,que feliz está en arbol y que felicidad me trnmites.bss

Tawaki dijo...

Me maravillan los árboles. Creo que son unos incomprendidos, los grandes olvidados. Están ahí a nuestro lado, majestuosos, sin que nos demos cuenta.

Un beso.